miércoles, 31 de mayo de 2017

Cervantes vivió casi un año en Roma, entre septiembre de 1569 y el verano de 1570, como camarero del cardenal Giulio Acquaviva. Roma fue una bisagra de su biografía. Marcó el paso de la vida de estudiante a la de soldado. Estuvo poco tiempo en la ciudad eterna, pero lo suficiente para conocer la urbe y su ambiente. Cervantes era joven, tenía 22 años, y la mente muy despierta. Al final de sus días, Cervantes concluye su última novela "Los trabajos de Persiles y Sigismunda", situando Roma como meta de los protagonistas. Mientras su cuerpo desfallecía en Madrid, su espíritu estaba en Roma. 

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